Ser científico de datos va mucho más allá de construir modelos de aprendizaje automático. En la práctica, el rol consiste en determinar qué tipos de predicción u optimización crean valor para el negocio, confirmar qué datos utilizables existen, elegir métricas de evaluación y diseñar una solución que pueda sostenerse en operación real. Más allá de las matemáticas y de la implementación, decidir qué merece la pena resolver es una parte central del trabajo.
La IA acelera la creación de modelos base, las sugerencias de variables, el autocompletado de código y las propuestas de ajuste. Lo que permanece, sin embargo, es la validez de la propia formulación del problema, la detección de leakage y de sesgo, y la evaluación responsable después del despliegue. Esas áreas siguen siendo algo que conviene dejar en manos humanas.