Los profesores universitarios hacen mucho más que dar clases. Definen líneas de investigación, actualizan el acervo de conocimiento, supervisan a los estudiantes y movilizan recursos dentro y fuera de la universidad, todo ello mientras asumen la responsabilidad tanto de la docencia como de la investigación. Su valor procede del conjunto formado por la enseñanza, la supervisión, la escritura, los congresos, la financiación, la investigación colaborativa y la gestión institucional.
El valor de la profesión no reside solo en transmitir conocimiento, sino en decidir qué merece convertirse en una pregunta relevante y en transformar una nueva idea en algo tangible. La IA puede acelerar mucho las revisiones bibliográficas y la preparación de clases, pero la originalidad en la investigación y la responsabilidad en la supervisión siguen correspondiendo a las personas.